What is the Trendelenburg position and what benefits does it offer in a podiatry consultation?

La posición del paciente influye directamente en la comodidad, la accesibilidad al pie y la ergonomía del profesional. Por este motivo, una de las funciones más valoradas en un sillón podológico es el movimiento de Trendelenburg.

Aunque este término también se utiliza en otros ámbitos sanitarios, en una consulta de podología hace referencia principalmente a la posibilidad de inclinar eléctricamente el asiento, modificando la posición del cuerpo del paciente respecto al suelo.

¿En qué consiste la posición Trendelenburg?

En términos generales, la posición Trendelenburg consiste en inclinar el cuerpo de manera que la pelvis quede situada a una altura superior a la cabeza.

En los sillones podológicos, esta inclinación se consigue mediante el movimiento del asiento. Dependiendo del modelo, puede realizarse de manera independiente o sincronizada con otros movimientos del sillón.

Esta función permite adaptar la posición del paciente a las necesidades del tratamiento y acercar la zona de trabajo al profesional, evitando que tenga que inclinarse excesivamente hacia delante.

¿Para qué resulta útil en podología?

La posición Trendelenburg puede aportar diferentes ventajas durante el trabajo cotidiano.

Facilita el acceso al pie

Al inclinar el asiento, las extremidades inferiores pueden situarse en una posición más favorable para el profesional. Esto facilita la observación y el acceso a las distintas zonas del pie.

El ajuste resulta especialmente útil cuando se combina con:

  • La regulación de altura del sillón.

  • La inclinación del respaldo.

  • La extensión de las perneras.

  • La apertura lateral de los reposapiernas.

  • La regulación del cabezal.

La combinación de movimientos permite crear una posición de trabajo adaptada a cada paciente y procedimiento.

Reduce las posturas forzadas del profesional

Una postura inadecuada mantenida durante varias consultas puede generar sobrecarga en la espalda, el cuello, los hombros y las muñecas.

La inclinación del asiento ayuda a colocar el pie dentro de una zona de trabajo más accesible. De este modo, el podólogo puede mantener la espalda más recta, acercarse correctamente al paciente y evitar movimientos innecesarios.

El sillón no debe regularse únicamente pensando en la comodidad del paciente. También debe permitir que el profesional trabaje con una postura estable y natural.

Mejora la adaptación a diferentes pacientes

No todos los pacientes tienen la misma altura, movilidad o complexión. Por ello, una única posición de trabajo no resulta adecuada para todas las consultas.

El movimiento Trendelenburg permite adaptar el sillón a personas de distintas características, especialmente cuando se combina con perneras extensibles, reposabrazos abatibles y regulación eléctrica del respaldo.

¿Para qué resulta útil en podología?

El número de motores determina cuántos movimientos pueden controlarse eléctricamente.

Un sillón de un motor suele ofrecer regulación eléctrica de altura, mientras que otros ajustes se realizan manualmente o mediante pistones de gas.

Los sillones de dos o más motores incorporan progresivamente movimientos eléctricos como:

  • Elevación.

  • Trendelenburg.

  • Regulación del respaldo.

  • Movimiento de las perneras.

  • Regulación independiente de cada pierna.

La elección depende del tipo de tratamientos realizados, el volumen de pacientes y el nivel de automatización que busque el profesional.

Namrol ofrece sillones con distintas configuraciones, desde soluciones funcionales de un motor hasta modelos con cinco motores y regulación eléctrica independiente de las perneras. Algunos equipos también incorporan memorias de trabajo, puesta a cero automática, giro y sistemas de seguridad.

¿Cómo encontrar una buena posición de trabajo?

No existe una única configuración válida para todos los procedimientos, pero pueden seguirse algunos criterios básicos:

  1. Regular primero la altura del sillón.

  2. Colocar el pie dentro del campo visual del profesional.

  3. Ajustar la inclinación del asiento.

  4. Regular el respaldo para que el paciente esté cómodo.

  5. Extender o abrir las perneras según la zona que se vaya a tratar.

  6. Colocar la lámpara evitando sombras.

  7. Comprobar que los instrumentos quedan dentro de una zona de alcance cómoda.

El profesional debe poder trabajar sin elevar los hombros, flexionar excesivamente la espalda o mantener el cuello girado durante periodos prolongados.

La importancia de probar el sillón

Antes de elegir un sillón podológico, conviene comprobar personalmente sus movimientos.

La velocidad, la suavidad, el recorrido y la facilidad de uso pueden influir tanto como el número de motores. También resulta importante valorar el funcionamiento del pedal, las memorias, la posición cero y la estabilidad del conjunto.

Un sillón adecuado no es únicamente aquel que ofrece muchas funciones, sino el que permite aprovecharlas de forma natural durante el trabajo diario.

 

La posición Trendelenburg permite adaptar mejor el sillón al paciente y acercar la zona de tratamiento al profesional. Su principal valor en una consulta de podología es facilitar una posición de trabajo accesible, estable y ergonómica.

Elegir entre un sistema compensado o una regulación eléctrica independiente dependerá de las necesidades de cada clínica. En cualquier caso, la correcta combinación de altura, inclinación, respaldo y perneras puede marcar una diferencia importante en el trabajo diario.

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